Manuel Mujica Láinez es uno de esos escritores que, con los años, "terminan formando parte de una casa".

“Crónicas del Desvelo”
A cierta edad uno todavía cree que el amor consiste en encontrar a alguien que lo quiera. Romantizamos el enamoramiento y el embobamiento existencial que uno vive. Después, si tenemos suerte o mala suerte —a veces es exactamente lo mismo—, descubrimos que las cosas son bastante más complicadas.
Caminata
Camino de mi casa al trabajo,
La conocí una noche húmeda de los ochenta, cuando el mundo todavía olía a cigarrillo barato, vinilo rayado y paranoia post-todo.
Bailar en el fuego: Villa Dolores, Bond, Roger Moore y el simulacro ochentoso de A View to a Kill”
Llegué al centro de Villa Dolores con una resaca extraña: mitad calor serrano, mitad videoclip ochentoso. Venía con A View to a Kill todavía latiendo en la cabeza como un sintetizador mal calibrado. Y de fondo, inevitable, la voz de Duran Duran repitiendo "Dance into the fire…" como si la realidad fuera apenas una excusa para ese estribillo.
El día en que empezó el viaje
El 8 de septiembre de 1966 fue una fechas que uno recuerda aunque no haya estado allí. Esa noche, en algún lugar de Estados Unidos, una pantalla de televisión encendió las luces de una nave que todavía no existía en ningún mapa. El "Enterprise" apareció entre las estrellas y, con él, una tripulación que parecía llegar desde un futuro imposible:...
La gente, en vez de preguntar, supone. Y en esa suposición arma versiones enteras de uno. Te leen dos gestos y creen conocer el libro completo. Ven una foto y redactan una biografía. Escuchan una frase aislada y ya dictan sentencia como jueces cansados de escuchar pruebas.
El veneno de pensar
En mis épocas de estudiante en Mendoza descubrí algo más peligroso que la adolescencia: el pensamiento.
Si la gente leyera más a Kurt Vonnegut, quizás existiría menos fascinación por los discursos grandilocuentes y más sospecha hacia esas ideas perfectas que prometen salvar al mundo mientras dejan cadáveres al costado del camino.
La tristeza de los domingos por la tarde empieza como empiezan los laberintos: sin que uno advierta dónde entró. Primero es una leve alteración de la luz. Después una sospecha. Luego una metafísica.









