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9 de julio: la independencia pendiente por Walter Ruleman Perez
Cada 9 de julio volvemos a escuchar la misma palabra: independencia.
La pronuncian los políticos, los maestros, los locutores de televisión. Aparecen banderas en las plazas, escarapelas olvidadas en algún cajón y discursos que repiten una historia conocida de memoria. Tucumán. 1816. Los congresales. La Casa Histórica. La ruptura con la Corona española.
Pero siempre me pregunto si la independencia terminó ese día o si apenas empezó.
Porque declarar la libertad es un acto político. Vivirla es otra cosa.
Camino por las calles de Villa Dolores mientras el frío de julio parece congelar también las conversaciones. Los comercios abren igual que cualquier jueves Hay gente preocupada por llegar a fin de mes, jubilados contando monedas en la farmacia, jóvenes que sueñan con irse porque sienten que el futuro habla otro idioma. Entonces la palabra independencia adquiere un espesor distinto.
¿Qué significa ser independiente cuando el miedo organiza nuestras decisiones?
¿Cuando el mercado decide cuánto vale nuestro tiempo, las redes sociales moldean nuestros deseos y los algoritmos terminan conociéndonos mejor que nosotros mismos?
Los hombres de 1816 discutían sobre imperios. Nosotros discutimos con pantallas.
Ellos buscaban emanciparse de un rey lejano. Nosotros, muchas veces, ni siquiera advertimos las nuevas formas de dependencia. Dependemos de la aprobación ajena, del consumo permanente, de la velocidad, de la productividad obligatoria, de la necesidad de convertir cada instante en contenido.
Tal vez la colonia ya no tenga virreyes.
Tal vez ahora se parezca más a una notificación.
Pienso también en mis padres. En esa generación que creyó que la independencia era inseparable de la justicia social, de la igualdad y de la dignidad. Pienso en los que dieron la vida por un país mejor y en los que todavía siguen creyendo que una patria no puede medirse solamente por sus indicadores económicos.
La historia argentina está hecha de avances, retrocesos y heridas. Somos un pueblo acostumbrado a levantarse después de cada caída. Quizás por eso desconfiamos tanto de las promesas y, al mismo tiempo, seguimos apostando a ellas. Hay algo profundamente argentino en seguir imaginando un futuro incluso cuando la realidad parece empeñada en negarlo.
La independencia tampoco ocurre una sola vez.
Sucede cada vez que alguien decide pensar por sí mismo. Cuando un escritor publica un texto incómodo. Cuando un docente enseña a preguntar antes que a obedecer. Cuando un lector abre un libro que contradice todas sus certezas. Cuando un trabajador conserva su dignidad aunque el mundo le diga que es apenas un número.
Cuando un artista crea sin pedir permiso.
La verdadera emancipación empieza ahí: en la conciencia.
No hay patria libre si sus ciudadanos renuncian a pensar. No hay bandera capaz de cubrir una sociedad que acepta el conformismo como destino.
Quizás por eso Borges desconfiaba de los nacionalismos estridentes y prefería hablar de la tradición como una conversación infinita. Quizás por eso tantos escritores argentinos encontraron en la literatura una forma de independencia interior. Porque existen cadenas visibles y otras mucho más eficaces: las que terminamos aceptando sin discutir.
Este 9 de julio no siento la necesidad de repetir consignas. Prefiero hacerme preguntas.
¿Qué tan libre soy de verdad?
¿Cuántas decisiones son realmente mías?
¿Cuánto de lo que deseo fue elegido por mí y cuánto fue cuidadosamente sembrado por otros?
Tal vez la independencia no sea una fecha. Sea una práctica. Un ejercicio cotidiano de lucidez. Una obstinación por defender el pensamiento crítico en tiempos de simplificaciones, por sostener la sensibilidad en una época que premia el cinismo y por seguir creyendo que la cultura, la educación y la memoria siguen siendo formas silenciosas de soberanía.
Hace doscientos diez años un grupo de hombres firmó un acta.
Nosotros todavía estamos escribiendo la nuestra.
Y quizás esa sea la verdadera tarea de cada generación: conquistar una libertad que nunca termina de conquistarse.
Lo que vemos y lo que creemos ver
Una de las habilidades intelectuales más subestimadas de nuestro tiempo consiste en distinguir entre trama y tema. Parece una diferencia menor, una sutileza reservada para críticos de cine o estudiantes de literatura, pero en realidad es una herramienta para comprender el mundo.
La trama es lo que sucede. El tema es aquello de lo que realmente se está hablando.
La confusión entre ambas cosas es más frecuente de lo que creemos. Le preguntamos a alguien de qué trata una película y casi siempre obtenemos un resumen de acontecimientos. Un hombre hace esto. Una mujer viaja allí. Ocurre tal accidente. Se descubre tal secreto. Pero eso no responde la pregunta. Apenas enumera los hechos.
Tomemos "Blade Runner" (Sueñan los androides con ovejas eléctricas). Si alguien nos cuenta que trata sobre un policía que persigue androides rebeldes en una ciudad futurista, no está equivocado. Pero tampoco ha respondido demasiado. Esa es la trama. El tema es otro. La película pregunta qué significa ser humano, dónde reside la identidad y si los recuerdos son suficientes para construir un alma.
O pensemos en "El club de la pelea". La trama habla de peleas clandestinas, de hombres frustrados y de una organización que deriva hacia la violencia. Sin embargo, los temas que laten debajo son la crisis de identidad masculina, el consumismo, la alienación y el vacío existencial de una época que prometió felicidad a través de los objetos.
Las grandes obras sobreviven porque sus temas son universales. La trama envejece. El tema permanece.
Lo interesante es que esta distinción no sirve solamente para mirar películas. Sirve para leer noticias, discursos políticos, documentales, entrevistas y, sobre todo, las redes sociales.
Vivimos rodeados de fragmentos. Vemos un reel de treinta segundos, una declaración recortada, una captura de pantalla, una frase aislada de una conversación de una hora. Creemos estar viendo la realidad cuando en realidad estamos viendo un montaje.
El montaje no es una mentira. Es algo mucho más complejo. Es una selección.
Toda edición implica elegir qué mostrar y qué ocultar. Qué ocurre antes y qué ocurre después. Qué gesto conservar y qué gesto eliminar. Una misma frase puede sonar razonable, absurda, heroica o monstruosa dependiendo de los segundos que la rodean.
El problema no aparece cuando existe montaje. El problema aparece cuando olvidamos que existe.
Entonces comenzamos a creer que una persona es exactamente el recorte que vimos de ella. Que una discusión es exactamente el fragmento viral que circula. Que una noticia es exactamente el titular.
Perdemos la noción de contexto. Y cuando el contexto desaparece, el pensamiento se vuelve cada vez más rudimentario.
Tal vez por eso nunca fue tan importante aprender a leer relatos. No para convertirnos en críticos de cine, sino para convertirnos en ciudadanos menos ingenuos. Porque quien sabe distinguir entre trama y tema también aprende a distinguir entre hecho e interpretación, entre acontecimiento y relato, entre realidad y representación.
La alfabetización del siglo XXI ya no consiste solamente en saber leer palabras.
Consiste en saber leer montajes. Y recordar, cada vez que una historia nos indigna o nos seduce demasiado rápido, que siempre hay algo ocurriendo fuera de cuadro.
¿Vemos la realidad... o solo un montaje de ella?
En este video reflexiono sobre una diferencia que parece pequeña, pero que cambia por completo nuestra manera de entender el mundo: la diferencia entre "trama" y tema.
A partir de películas como "Blade Runner" y "El club de la pelea", exploro cómo las grandes historias hablan de mucho más que sus acontecimientos. Y desde allí llego a una pregunta inevitable: ¿no ocurre exactamente lo mismo con las noticias, las redes sociales y los videos virales que consumimos todos los días?
Vivimos rodeados de fragmentos, titulares y recortes. Pero un fragmento nunca es la totalidad de una historia. Toda edición selecciona, todo montaje construye un sentido, y olvidar eso puede volvernos espectadores ingenuos de una realidad cada vez más mediada.
Una invitación a mirar más allá de lo evidente, recuperar el contexto y desarrollar una lectura más crítica de las imágenes y los relatos que nos rodean.
Si te interesan la literatura, el cine, la filosofía y el pensamiento crítico, te invito a suscribirte al canal y acompañarme en estas conversaciones.
La kermés de los vencidos
La kermés de los vencidos
Manifiesto del Desvelo
Bienvenidos a la madrugada.
No estás entrando en un podcast cualquiera.
Estás entrando en una forma de mirar el mundo.
Aquí la madrugada no es un horario: es un territorio. El momento en que el ruido baja de volumen, las máscaras empiezan a caer y la memoria encuentra, por fin, espacio para hablar.
Desde Traslasierra nacen estas "Crónicas del Desvelo": textos donde se cruzan la literatura, la filosofía, el cine, la política, la poesía y la cultura. No para ofrecer respuestas fáciles, sino para hacer mejores preguntas.
Este es un lugar para quienes todavía creen que pensar también puede ser una forma de resistencia.
Para quienes prefieren una conversación larga antes que un algoritmo.
Para quienes entienden que una canción, un libro o una película pueden explicar una época mejor que un discurso.
Si llegaste hasta aquí, quedate.
Apagá el ruido.
La madrugada recién empieza.
Alejandro Nicotra: la dignidad de la palabra
Alejandro Nicotra: la actitud poética ante la vida
"Homenaje a mi maestro, al poeta que me enseñó que lo importante no es escribir bien o mal, sino vivir poéticamente
Conferencia un invierno con Pessoa. El poeta portugués Fernando Pessoa y sus heterónimos a cargo de Walter Perez y Jose Luis Colombini y la actuación de Walter Garay. 15 de julio de 2006. Centro Cultural Cooperativo, Italia 355, Villa Dolores, Traslasierra, Cordoba, Argentina.
Palabras del Lic Walter Perez y de Jose Luis Colombini
Actuación de Walter Garay
Escenografía, producción, ambientación y registro: Victoria Colombini Lauricella
Nunca (La culoncita) de Miguel Ortiz por José Luis Colombini
Recital de poesía a cargo de Gabriela Bayarri y Jose Luis Colombini "Cuerpos Poéticos" en La fonda de Buca. San Javier, Traslasierra, Córdoba, Argentina.
Viernes 25 de Febrero 2011, 21:30 Hs San Javier, Traslasierra, Córdoba, Argentina
Entrega de estatuilla a José Luis Colombini. 50 Encuentro Internacional de Poetas
Video del 50 Encuentro Internacional de Poetas "Oscar Guiñazú Alvarez" 6, 7, 8 y 9 de Octubre de 2011. Organizado y llevado a cabo por el Grupo Literario Tardes de la Biblioteca Sarmiento, Traslasierra, Córdoba, Argentina
José Luis Colombini Durante el ciclo de entrevistas Infames 2022 jueves 8 de setiembre de 2022
Grupo Literario Los infames, Resistencia, Chaco
José Luis Colombini leyendo sus poemas Ausencia y Feriado
5º ENCUENTRO DE "POETAS EN EL ARA"
"Que no falte el pan de la palabra
en la mesa tendida del encuentro"
DOMINGO 15 DE MARZO DE 2015
OJO DE AGUA (NONO) TRASLASIERRA, CÓRDOBA, ARGENTINA
Organizó Grupo "Amigos del Ara de la Poesía"
Idea y Producción; Carlos Tapia