El saco de ladrillos
"- La culpa, es como un saco de ladrillos, lo único que tienes que hacer es dejarlo en el piso ¿Y para quién cargas todo ese montón de ladrillos? ¿Dios? ¿Es eso?

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Un recorrido por mis textos, mis proyectos y los espacios que fueron tomando forma a lo largo de los años

Escritor, ensayista y cronista
Literatura, memoria, cine, poesía, música y las pequeñas historias que sobreviven al paso del tiempo.
Esto no es contenido. Es insomnio grabado.

Escribo desde Traslasierra sobre memoria, literatura, cine, poesía, música, filosofía y las pequeñas ruinas de la vida cotidiana.
Explorá mis mundos
"- La culpa, es como un saco de ladrillos, lo único que tienes que hacer es dejarlo en el piso ¿Y para quién cargas todo ese montón de ladrillos? ¿Dios? ¿Es eso?
Escuchamos ideas como verdades supremas que nos terminan pareciendo exclusivamente religiosas. Una de ellas es esa frase cristiana que, desde chico, siempre me resultó extraña: "Perdona a tus enemigos."
Compre este libro porque me llamo la atención su titulo y el excelente diseño de edición. Se dio de manera extraña apareció, podríamos decir, como una interferencia en la señal. Como una frecuencia extraña que entra en la radio justo cuando pensabas que ya habías escuchado todo.
Es una trinchera con olor a papel viejo, madera gastada y plástico recién salido de fábrica. Un refugio mental cuyas paredes están tapizadas de obsesiones, como si cada objeto fuera una prueba de que estuve vivo en distintos momentos y no en uno solo.
"Medianoche en París" (2011), escrita y dirigida por Woody Allen, es mucho más que una comedia fantástica ambientada en la ciudad más mitificada del mundo. La película funciona como una reflexión melancólica sobre la nostalgia, el deseo de escapar del presente y la tendencia humana a idealizar épocas pasadas.
Lo primero que pensé fue: si esto es verdad, estamos todos en problemas.
La historia parece salida de uno de esos relatos donde Jorge Luis Borges mezclaba lo absurdo con lo inevitable. Sin embargo, ocurrió de verdad. No hubo laberintos, ni bibliotecas infinitas, ni cuchilleros del arrabal. Hubo algo mucho más sencillo: un beso.
Hay algo extraño en Edipo. Uno podría pensar que después de tantos siglos ya deberíamos haberlo dejado descansar. Que Sófocles lo escribió, que los griegos lo escucharon, que Edipo mató a su padre, se acostó con su madre sin saberlo, descubrió la verdad y terminó arrancándose los ojos. Fin de la historia.