La revolución de abrir un libro
Propongo algo que parece imposible en nuestro tiempo: agregar un octavo día a la semana.

Explorar el sitio
Accedé a las distintas secciones desde el menú ☰
Un recorrido por mis textos, mis proyectos y los espacios que fueron tomando forma a lo largo de los años
Escritor, ensayista y cronista
Literatura, memoria, cine, poesía, música y las pequeñas historias que sobreviven al paso del tiempo.
Esto no es contenido. Es insomnio grabado.


Escribo desde Traslasierra sobre memoria, literatura, cine, poesía, música, filosofía y las pequeñas ruinas de la vida cotidiana.
Explorá mis mundos
Propongo algo que parece imposible en nuestro tiempo: agregar un octavo día a la semana.
Desde que mi madre murió entendí que algunas personas no desaparecen: cambian de lugar. Se vuelven voces que aparecen en momentos absurdos, frases suspendidas en el aire, gestos que regresan cuando uno menos lo espera. A veces me pasa entrando a un supermercado. Escucho el ruido de un changuito y automáticamente vuelvo a verla.
Siempre pienso en Batman, es mi superhéroe favorito. Pienso y reflexiono sobre esa noche que Bruce Wayne nunca consigue abandonar.
El amor, qué cosa es el amor. Qué patraña siniestra o qué milagro menor. Qué desazón o qué belleza. Porque hablar de amor es hablar de demasiadas cosas al mismo tiempo: de abrazos y olvidos, de traiciones y esperas, de celos, de obsesiones y de esa costumbre humana de creer que alguien puede salvarnos de nosotros mismos.
El Zumba es uno de esos personajes que uno conoce sin que nadie se haya tomado el trabajo de presentarlos.
Perdidos en Tokyo es una película que pertenece a esos films que quedan funcionando como una canción que escuchaste hace años y vuelve, de golpe, un martes cualquiera, mientras viajás mirando por la ventana de un colectivo.
Hay una clase de culpa que solamente conocen los lectores.
Leí "Hamnet" después de una muerte. No importa cuál. Importa que fue una de esas que no se narran fácil, de las que no entran en una anécdota ni en una frase de cierre. Lo leí en silencio, de noche, como se leen los libros que no piden opinión sino entrega. No sabía casi nada: que había una peste, un hijo muerto, una madre que sentía demasiado....