Cuando todo podíamos
El grito de una niña de siete años

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Un recorrido por mis textos, mis proyectos y los espacios que fueron tomando forma a lo largo de los años

Escritor, ensayista y cronista
Literatura, memoria, cine, poesía, música y las pequeñas historias que sobreviven al paso del tiempo.
Esto no es contenido. Es insomnio grabado.

Escribo desde Traslasierra sobre memoria, literatura, cine, poesía, música, filosofía y las pequeñas ruinas de la vida cotidiana.
"Mis crónicas parten de hechos reales, pero intentan encontrar lo que esos hechos significan para las personas. Me interesan las historias mínimas, la memoria, la cultura popular y las emociones que suelen quedar fuera de la noticia tradicional. Más que informar solamente, busco narrar experiencias."
Explorá mis mundos
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El grito de una niña de siete años
La poesía se alimenta siempre de los fulgores y los fuegos de este mundo. Sólo el poeta posee el extraño poder de desgarrar la unidad interna del ser sin destruir sus esencias.
No camino por Villa Dolores. Archivo símbolos.
Daniel vino desde Villarrica, Chile, desde esa zona lacustre donde los volcanes parecen formar parte del paisaje cotidiano y los lagos funcionan como espejos enormes para la memoria. Es poeta y fotógrafo. Quizás por eso mira de una manera distinta: mientras algunos vemos simplemente un paisaje, él parece estar buscando qué historia quedó escondida...
Esta mañana preparé café y pensé en Albert Camus.
La charla salió después del velorio, en un bar cualquiera. Café aguado, medialunas duras, el ruido de la máquina trabajando como si nada hubiera pasado.
En ciertos momentos de la vida uno cree que los barcos existen para llevarnos a alguna parte. Después uno aprende. Aprende que algunos barcos no llevan a ningún puerto. Que algunos naufragan antes de abandonar la costa. Que otros permanecen amarrados durante años, llenándose de polvo, de humedad, de recuerdos que nadie se atreve a tirar.
La ventana de mi oficina atesora recuerdos y voces. En sus vidrios quedan, de alguna manera, las conversaciones de los muchos transeúntes que pasan frente a ella. Por algún extraño magnetismo, la gente suele detener su marcha y conversar allí, como si ese pedazo de vereda fuera una pequeña plaza.