Un domingo en la necrópolis
Algunas mañanas de mi vida sólo funciono con una Coca-Cola sin azúcar. La necesito para arrancar. No tengo otra forma. Desayuno eso y salgo a enfrentar el día. Me despierto siempre temprano, tal vez por mi condición de asalariado, por esa costumbre de obedecer horarios incluso cuando nadie me los exige.











