Responder a Proust después de medianoche. Cuestionario para un héroe absurdo

La noche en Villa Dolores siempre llega con un silencio raro, como si el mundo se quedara pensando.
Me preguntaba por la felicidad. Pensé que durante años imaginé la felicidad como algo grande: viajes, libros publicados, ciudades lejanas. Con el tiempo descubrí que se parecía más a algo mínimo: una tarde leyendo mientras el viento mueve las hojas de los árboles.
La reflexión sobre el miedo llegó después. No fue difícil responderla. El miedo es el olvido. No el propio, sino el de las cosas que importan: los libros que nadie vuelve a abrir, las historias que se pierden cuando muere quien las contaba.
Me pregunté por un libro que hubiera marcado mi vida, pensé en la forma en que la literatura puede convertirse en una segunda biografía. Los libros que leemos terminan escribiendo, en silencio, partes de nuestra propia historia. Difícil decidir eso. Mi lista sería casi como un inventario de biblioteca.
Mi lema ha sido vivir con curiosidad, leer con sospecha, recordar con obstinación.
En eso estaba esa madrugada cualquiera cuando abrí el Cuestionario Proust.
En mi biblioteca veía los siete libros de En busca del tiempo perdido y el del caso Lemoine que me transportaba a la realidad argentina. Afuera el pueblo estaba en silencio y el mundo parecía reducido al ruido del teclado y a un mate lavado ya frío.
Las preguntas parecían inocentes, pero cada una funcionaba como una puerta.
Tenía delante el cuestionario y un vaso medio lleno —o medio vacío— de wiski que decidí degustar, mientras un alilicucú gritaba desde algún árbol oscuro del patio o desde una calle de tierra de esas que circundan el lugar donde vivo. Pensé que responder preguntas sobre uno mismo es una forma elegante de autopsia.
Si Marcel Proust lo hubiera sabido, quizá habría agregado una advertencia: todo cuestionario es también una confesión.
1 ¿Principal rasgo de tu carácter?
Ser abstraído. Vivo más tiempo en la cabeza que en el mundo. Hay días en que la realidad parece una interrupción molesta del pensamiento.
2 ¿Qué cualidad aprecias más en un hombre?
La inteligencia. Esa capacidad de incendiar una conversación con una idea.
3 ¿Y en una mujer?
La inteligencia también. Nada es más erótico que una mente peligrosa.
4 ¿Qué esperas de tus amigos?
Que no me dejen cómodo. Los amigos que sirven son los que discuten, los que tiran ideas como piedras contra el vidrio de la certeza.
5 ¿Tu principal defecto?
Cuando me enojo, se impone la pasión. Y la pasión es un animal que muerde antes de pensar.
6 ¿Tu ocupación favorita?
Leer. Leer como quien cava un túnel en la realidad.
7 ¿Tu ideal de felicidad?
Una conversación larga con alguien que piense bien. Una mesa, música en discos de vinilo, vino, libros, y la sensación de que el mundo afuera puede esperar.
8 ¿Cuál sería tu mayor desgracia?
No terminar la lista de objetivos que escribí a los diez años en un cuaderno Rivadavia de tapa dura. Un niño hace promesas que el adulto teme no poder cumplir.
9 ¿Qué te gustaría ser?
Una estrella de rock. No por la fama: por el momento en que el ruido se vuelve una forma de libertad.
10 ¿En qué país desearías vivir?
En Argentina. Es un país trágico y hermoso, como un poema maldito.
11 ¿Tu color favorito?
Los violáceos. Colores que parecen nacidos del crepúsculo.
12 ¿La flor que más te gusta?
La rosa. Sus pétalos parecen un mandala que se abre lentamente hacia el centro de algo que nunca terminamos de comprender.
11 ¿El pájaro que prefieres?
El mirlo —o el zorzal, como decimos en Traslasierra—. Canta como si supiera algo que nosotros no.
12 ¿Tus autores favoritos en prosa?
Borges, Poe, Lovecraft, Proust, Kafka, Marechal, Dick, Vonegut, Rulfo, Los rusos.
Cada uno abre una puerta distinta hacia el mismo abismo.
13 ¿Tus poetas?
Pessoa, Vallejo, Baudelaire, Lautréamont, Rimbaud, Olga Orozco, Alejandro Nicotra.
Poetas que escribieron como si cada verso fuera un acto de peligro.
14 ¿Un héroe de ficción?
Batman. Un hombre que pelea contra el caos con inteligencia y sombras.
14 ¿Una heroína?
La Mujer Maravilla. La mitología todavía necesita diosas guerreras.
15 ¿Tu músico favorito?
Jaco Pastorius. El bajo convertido en tormenta.
16 ¿Tu pintor preferido?
Caravaggio y Velázquez. Dos hombres que sabían que la luz es una forma de violencia.
17 ¿Tu héroe de la vida real?
El héroe absurdo.
Ese del que hablaba David Galloway: un hombre sin esperanza metafísica, consciente de que la muerte es el único final seguro y aun así enamorado de la vida.
18 ¿Tu nombre favorito?
Tomás y Francisco. Hay historias personales que viven escondidas dentro de los nombres.
19 ¿Qué hábito ajeno no soportas?
El mal uso del lenguaje. Las palabras son herramientas sagradas.
20 ¿Qué es lo que más detestas?
La traición. Es el crimen más íntimo.
21 ¿Una figura histórica que te produzca rechazo?
Hitler. La prueba de que la barbarie también puede organizarse.
22 ¿Un hecho de armas que admires?
La táctica de Julio César en Farsalia. La inteligencia aplicada a la guerra es una forma de tragedia.
23 ¿Qué virtud desearías poseer?
Viajar en el tiempo. Ser testigo de la historia como quien mira una obra de teatro infinita.
24 ¿Cómo te gustaría morir?
Como un noble caballero. Con cierta elegancia frente al final inevitable.
25 ¿El estado más común de tu ánimo?
Buen humor. Incluso cuando el mundo parece derrumbarse.
26 ¿Qué defectos te inspiran indulgencia?
La torpeza con las manos. Hay personas que nacieron para pensar, no para atornillar cosas.
27 ¿Tienes una máxima?
Sí: Cuando corresponda, seamos la razón y no la pasión.
Y cuando corresponda, pasión y no razón.
Porque el secreto quizá esté ahí: vivir en el equilibrio imposible entre la lucidez y el incendio.
Nota final: EL CUESTIONARIO PROUST. Una de las maneras más habituales de presentar a un personaje en los medios escritos son los cuestionarios. Son un tipo de entrevista de personalidad basada en una lista de preguntas de respuesta breve. Se trata de un modelo en el que el entrevistado contesta a un formulario de preguntas ya preparado que se asemeja a un test psicológico, y cuyas preguntas están diseñadas para revelar su personalidad. El nombre proviene del escritor francés Marcel Proust (1871-1922). Este respondió por primera vez al cuestionario a los quince años, a requerimiento de Antoinette Faure, una compañera de juegos. A los veintiún años, volvió a contestarlo y lo tituló "Proust por sí mismo". Estos cuestionarios fueron una moda a finales del XIX y principios del XX. Están pensados para descubrir las inclinaciones, gustos y personalidad del personaje que lo responde.
