RECUERDEN, RECUERDEN… EL 5 DE NOVIEMBRE

05.11.2026

Conspiración, pólvora, máscaras y otras formas de desobediencia.

Crónicas del Desvelo | José Luis Colombini

Una fecha que sobrevive a los calendarios, a los años, a los algoritmos y termino convirtiéndose en símbolos. El 5 de noviembre es esa fecha.

Cada año, cuando llega esta fecha, reaparece aquella sentencia que los cinéfilos hemos incorporado a nuestra memoria: "Recuerden, recuerden, el 5 de noviembre". Una frase que huele a pólvora, a conspiración y a desafío. Una invitación a no olvidar que, algunas veces, la historia también se escribe desde los márgenes.

Para encontrar su origen hay que retroceder hasta 1605. Inglaterra atravesaba profundas tensiones religiosas entre católicos y protestantes. Un grupo de conspiradores católicos, encabezado por Robert Catesby, planeaba hacer estallar el Parlamento durante la ceremonia de apertura, con el rey Jacobo I en su interior. El propósito era terminar con el monarca y modificar el orden político y religioso del reino.

Guy Fawkes tenía una misión concreta: custodiar los explosivos ocultos en los sótanos del edificio. Treinta y seis barriles de pólvora aguardaban el momento de convertirse en una gigantesca detonación. Pero la conspiración fue descubierta antes de ejecutarse. Fawkes fue detenido, torturado y finalmente ejecutado.

La historia parecía haber cerrado el expediente. Sin embargo, cuatro siglos después, aquel hombre regresaría convertido en uno de los rostros más reconocibles de la cultura contemporánea.

La resurrección llegó de la mano de Alan Moore y David Lloyd, responsables de la novela gráfica "V for Vendetta", publicada originalmente entre 1982 y 1989. En sus páginas imaginaron una Inglaterra distópica, sometida a un régimen totalitario que administra el miedo, vigila a sus ciudadanos y convierte la obediencia en una virtud pública.

En ese escenario aparece V: un personaje enmascarado, culto, teatral, misterioso y profundamente incómodo para el poder. Un hombre que no pretende recuperar un lugar dentro del sistema, sino dinamitar sus certezas.

En 2005, la adaptación cinematográfica dirigida por James McTeigue, con Natalie Portman y Hugo Weaving, llevó aquella historia a una audiencia masiva. La máscara de Guy Fawkes abandonó definitivamente las viñetas y las salas de cine para instalarse en las calles, las manifestaciones y las pantallas de medio mundo. Anonymous también la adoptaría como emblema de sus intervenciones y protestas.

Hay algo extraordinario en esa transformación: un conspirador del siglo XVII, condenado por traición, terminó convertido en símbolo de resistencia. La historia tiene sus ironías. Los vencedores pueden escribir los libros, levantar monumentos y establecer las conmemoraciones, pero no siempre consiguen controlar el significado que adquieren sus personajes con el paso del tiempo.

Y aquí aparece mi propia pequeña ceremonia.

Soy admirador de "V de Vendetta". No es una fascinación pasajera ni una de esas películas que uno mira, disfruta y después archiva mentalmente junto a otras tantas. Forma parte de ese universo de historias, personajes y obsesiones culturales que uno termina incorporando a su vida.

En mi colección conviven dos ejemplares de la novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd: uno en inglés y otro en español. También tengo el Funko de V, una máscara y el conjunto de Vertigo que reúne el libro y la máscara de Guy Fawkes. Objetos que, vistos desde afuera, podrían parecer simples piezas de colección, pero que para mí guardan algo más: fragmentos de una historia que sigue interpelándome.

En Santa Santuarium, entre libros, figuras, discos y otros habitantes de mi particular museo doméstico, V tiene su lugar. Y cada 5 de noviembre, como una pequeña liturgia cinematográfica, vuelve a reclamar su protagonismo.

Hoy me pongo la máscara. No para encender barriles de pólvora ni para derribar parlamentos, sino para recordar que la libertad no es un regalo del poder, que el pensamiento crítico no debería pedir permiso y que el miedo es una herramienta demasiado eficaz cuando dejamos de cuestionar a quienes lo administran.

Porque V de Vendetta no es solamente una historia sobre un hombre que se enfrenta a un gobierno totalitario. Es también una reflexión sobre la memoria, la identidad, la justicia, la violencia y esa frontera siempre problemática entre la revolución y la venganza.

Quizá por eso la máscara sigue funcionando. No representa solamente a un individuo. Permite que cada persona proyecte en ella sus propias preguntas, sus inconformidades y sus deseos de transformación.

Hay una frase que atraviesa toda esta historia: detrás de la máscara puede haber un hombre, pero detrás de una idea puede haber miles.

Y acaso esa sea la verdadera pólvora de esta historia.

"Recuerden, recuerden, el 5 de noviembre."

La pólvora se consume. Los imperios cambian de nombre. Las máscaras se desgastan. Pero las ideas, cuando encuentran dónde alojarse, son bastante más difíciles de apagar.

"No colecciono muñecos. Colecciono universos. Cada personaje tiene una historia, cada objeto una memoria y cada máscara una identidad que espera ser descubierta".

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