La edad en que mueren los héroes

Hubo un fin de semana en que millones de personas sintieron que se había roto algo.
La noticia apareció primero en una pantalla. Un mensaje. Una llamada. Una publicación compartida con incredulidad.
Hubo quienes pensaron que era una de esas falsas alarmas que cada tanto recorren las redes. Pero no. Esta vez era verdad. En una fábrica alguien bajó la cabeza sobre una mesa de trabajo y tardó varios minutos en volver a levantarla. Un remisero apagó la radio porque no quería escuchar otra cosa. Un profesor suspendió por un rato la clase.
Un kiosquero dejó el negocio en manos de su mujer y salió a caminar unas cuadras sin rumbo. Hubo grupos de amigos que volvieron a escribirse después de años. Hubo padres que llamaron a sus hijos. Hubo hijos que entendieron por primera vez por qué sus viejos viajaban cientos de kilómetros para ver a un tipo vestido de negro cantar canciones extrañas. Estas noches sonaron discos completos en patios, departamentos, talleres mecánicos y casas de barrio. Muchos lloramos. Otros dijeron que no. Pero igual pusieron la música más fuerte. Porque cuando mueren ciertos artistas no muere solamente una persona. Muere también una parte del tiempo que vivimos junto a ellos. Y entonces algunos descubren que tienen la misma edad que tenían sus padres cuando empezaron a despedirse del mundo. Y otros entienden que los héroes también envejecen. Y que llega un día en que ya no queda nadie delante de nosotros para recibir el golpe primero.
