La Comunidad del Anillo… y de la amistad

Esta historia parece escrita por Tolkien, pero sucedió en el mundo real. Y a veces, para que la magia ocurra, no hace falta un mago, un dragón ni un anillo de poder. Alcanza con tres amigos y un gesto de esos que escasean.
Patrick Mohr, un irlandés que disfrutaba de unas vacaciones en Italia, perdió su alianza de bodas en las aguas de un río. Un pequeño objeto, apenas un círculo de oro, pero con el peso de una historia compartida. De esas cosas que uno cree que no volverá a encontrar jamás.
Tres italianos —Nicola Malloggi, Edoardo Poggi y Filippo Palagi— decidieron ayudarlo. Buscaron bajo el agua, insistieron y finalmente encontraron el anillo.
Hasta ahí, una historia de generosidad. Pero estos tres muchachos tenían algo más en mente.
En lugar de enviar la alianza por correo, se subieron a un avión rumbo a Irlanda. Y no viajaron de cualquier manera: lo hicieron vestidos de hobbits, como si hubieran salido de las páginas de El Señor de los Anillos, para devolverle personalmente el anillo a su dueño.
Uno puede imaginar la escena. La sorpresa, las risas, el abrazo. Un hombre recuperando algo que creía perdido y tres desconocidos convertidos, de pronto, en compañeros de una aventura improbable.
En tiempos en que todo parece medirse por su utilidad, su precio o la velocidad con que lo descartamos, estos tres italianos hicieron algo extraordinario: se tomaron el tiempo de ser buenos.
Y quizá de eso se trate, después de todo, la verdadera magia. No de encontrar un anillo, sino de descubrir que todavía existen personas capaces de cruzar medio mundo para devolverlo.
Porque no todos los héroes llevan capa. Algunos llevan orejas puntiagudas, pies descalzos y una enorme voluntad de hacer el bien.
Y aunque no hayan destruido el Anillo Único, estos tres hobbits de la vida real nos dejaron una certeza: La Tierra Media no está tan lejos. A veces, la aventura comienza cuando alguien decide no mirar para otro lado.