El invierno también tiene memoria
Hay árboles que parecen escribir sobre el cielo una historia que nadie se detiene a leer. Sus ramas desnudas se entrelazan como pensamientos que no encuentran salida, como las palabras que alguna vez dijimos y aquellas otras que se quedaron para siempre en silencio.
Detrás, la montaña se desdibuja entre la niebla. Todo parece suspendido en una quietud antigua, como si el paisaje hubiera decidido detener el tiempo para recordarnos que también existe belleza en lo que pierde sus hojas, en lo que se despoja, en lo que resiste sin hacer ruido.

Quizás el invierno no sea otra cosa que eso: una forma de aprender a mirar lo que permanece cuando todo lo demás desaparece.
Y estos árboles, con sus brazos extendidos hacia un cielo gris, parecen saberlo.
Hay despojos que no son derrotas. Son apenas la manera que tiene la vida de prepararse para volver.