Mis publicaciones

Libros

Mi escritura no avanza en línea recta. Se mueve como el tiempo interior: en espirales, en sacudidas, en silencios que de pronto se vuelven palabra.

Estos libros son estaciones de ese recorrido.

Detrás de la noche (2001) es el primer descenso:

una exploración de lo oscuro, de lo que no se dice pero insiste.

Ahí comienza la búsqueda.

En Remolinos de sal (2005), la palabra se vuelve más áspera, más corporal.

Hay intemperie, hay roce con lo real, hay heridas que empiezan a nombrarse.

Naves de fuego (2009) es impulso y ruptura.

Una escritura que avanza incendiando certezas, buscando en lo que arde alguna forma de verdad.

Con Tatuajes Despojados (2013), la voz se desnuda aún más.

Queda lo esencial: la marca, la memoria, lo que permanece cuando todo lo demás cae.

Y en Desvistiendo Lluvias (2019), el registro se vuelve íntimo.

Diarios donde la escritura respira más cerca de la vida cotidiana, sin dejar de hurgar en lo profundo.

No son solo libros.

Son capas de una misma piel.

Desvistiendo lluvias

Este libro es el fruto de meses apacibles mecidos en la felicidad. Desvistiendo lluvias intenta celebrar la vida. Ese duro andar diario que nos llena de sonrisas y holgura dejando de lado las tristezas y preocupaciones.

Cuando uno va agrupando un puñado de cosas escritas no sabe hacia dónde viajarán, ni sabe si usó las palabras correctas. Con estas letras trato de evocar y amontonar momentos, situaciones, recuerdos, vivencias, lo que sucede y nos roza al pasar al lado nuestro.

Este conjunto de poemas hablan de las cosas que me suceden y siento. De lo vivido, lo imaginado, lo onírico y lo tedioso entre otras cosas.

Las palabras no se diferencian en poéticas y ajenas a la poesía. Todas son dignas de ella. Lo mismo vale para los lugares comunes. La calle próxima, habitual, hollada, se vuelve un territorio inexpugnable por la finitud de la vida humana. Lo importante es como las usamos y como usamos lo que llamamos tiempo.

Desde muy pequeño soñaba con ser escritor, con garabatear historias para driblearle a la realidad. Hoy solo soy un lector cómodo, leo lo que más me agrada y voy dejando de lado lo que no me motiva. Muy probable sea por mi principio de autosatisfacción o mis caprichos de hijo único.

Algunos me dicen por qué poesía y yo les respondo por qué no poesía. Creo firmemente en la poesía, en la belleza poética, en tener una actitud poética ante la vida para que de esa manera mejore.

Desvistiendo lluvias está dividido en dos partes: La primera se llama

¿Puedes tocar el viento? Y agrupa poemas de distintas épocas y momentos energéticos que desentierran la niñez hasta llegar al presente.

La segunda se llama Desvistiendo lluvias como el título del libro y en ella encontrarás poemas donde evoco personas y situaciones que tienen que ver con mi interior y mis vivencias cotidianas a lo largo de mi vida.

Espero disfrutes de este poemario y encuentres algo que te haga sentir identificado, seguramente tenemos cosas en común y si no, brindemos por nuestras diferencias.


Tatuajes despojados

Tatuajes despojados una publicación artesanal, alternativa, de difusión literaria y autogestionada que pertenece a Montaña Cartonera, editorial de Traslasierra. Realizada, pensada, soñada, diagramada íntegramente en el Valle de Traslasierra, Córdoba, Argentina.

Un pequeño muestrario de mis libros publicados de manera autogestionada y seleccionados por el amigo/hermano Hermes el merodeador de los sueños.

También cuenta con un puñado de poemitas indie nuevos en ese momento.

Año 2013.


Naves de fuego

Naves de fuego es un libro inspirado, soñado, pensado, padecido, disfrutado y parido en las noches. Por eso todos sus poemas hablan prácticamente de la noche, que fue una especie de madre acunando estos garabateos, este puñado de versos escapándose entre lágrimas de mis manos húmedas por la nostalgia. La repetición de la noche se debe a eso, al fruto de insomnios iluminados por sonidos, lecturas y pensamientos. Las lágrimas se deben al dolor que sentía de vivir, a la lluvia que no llegaba o que a veces abundaba. Una multiplicidad que conjuga: poemas, rimas, dudas, deudas, trasnoches, lecturas, y sensibilidades multiplicándolas con tristezas absurdas detrás de la noche entre remolinos de sal y naves de fuego desde los intestinos del tercer mundo.

En Naves de fuego, la tristeza es igual de diáfana que las lágrimas dibujando la expresión de nuestra cara, es sólo un grupo de palabras lanzadas al viento de la desesperanza que, casi con seguridad, van a dar en el blanco de alguien que nos ama.

Mis retinas están empapadas de la miel del monte, envuelta en las gasas sedosas de la luz del plenilunio. Mis manos palpan la sierra y me llenan de nostalgias. Mi tórax se desliza entre agónicos sueños sofocados, debajo de un nórdico vapor, pero el invierno -terco- se resiste a no dejar su nómina de fríos prometidos, y mi ciudad se cuece en un magma de asfalto congelado y somnolencia, de humedad, escarcha y árboles desnudos.

Naves de fuego es todo eso, es marea y olas, flujo en calma, que lamen amorosamente la costa, un vaivén de túnicas, tules y faldas bailando lánguidamente un vals como escupitajos de alma que la brisa arranca de mis entrañas.

El primer capítulo: "Sombras de luna llena" son poemas que tienen que ver con mi historia personal, con los momentos que eh vivido, arrullados por la noche y regados por un whisky litigioso.

El segundo capítulo: "Apócrifos, tristezas que devoran instantes" son poemas que tienen que ver con mis lecturas nocturnas, un homenaje si se quiere a poetas y escritores que se mezclan con sensaciones, vivencias y cosas que pasaron mientras leía esos autores y la noche mecía mi insomnio consumiéndose en el humo de un cigarrillo.

El tercer capítulo: "Corceles en la noche" son poemas acunados por una música vana y no como la vana música del grillo de Conrado Nalé Roxlo. Si no por una música marcando estados de ánimo, de pensamiento y de tiempo entre otras cosas.

Mientras escuchaba los autores que titulan los poemas escribí ese puñado de palabras, un viento de imágenes paridas entre el frío de la madrugada, que intentó lleguen hasta los corazones de quienes las lean, no se si lo conseguiré pero el intentarlo ya me sirve.

Los poemas de los tres capítulos no guardan un orden cronológico ni de ningún tipo.

La idea es hacer algo distinto, no solo parir imágenes que se encarcelen en una playa blanca de papel o acunar lugares comunes en columnas, si no tratar de romper con lo establecido. Intento que estas Naves de fuego naveguen los mares de las horas y de la imaginación de quien lo lea y despierte en ellos algo. Ser como un pisapapeles aplastando una nuez o una lagartija prestándonos su casa.

Creo, en ocasiones, que los silencios son rotos tan sólo por ese esperpéntico modo de "diálogo" nihilista que se escucha a sí mismo sin prestar oído al prójimo.

Incongruencias todas con las que se alimentan las dudas y el recelo, y ahí, en medio de esos charcos de sangre, dudas, desespero; las palomas acercan su pico enfurecidas, beben el agua turbia y ennegrecen sus alas para luego ocultar su nueva condición de aves rapaces, representando una paz escasa, imaginaria, estúpida y falsa, que jamás será cierta porque el hombre no sabe mirarse en otro espejo que el de sus propios miedos, y en su escasez de amor, se inunda la garganta de gritos y espejismos mientras las flores nacen, todas, solamente una vez para la vida.

Cuenta la historia y la leyenda, palabras doctas y sabias de Oriente y Occidente, escribanos de todos los tiempos, que Scherezada, la protagonista de Las Mil y una Noches, fue salvada por la palabra, la historia magnética contada por ella cada noche, en el run run del oído y los sentimientos del sultán Schahariar, en el alto lecho de aquellos días. Intento que estas letras, frases, versos, palabras me salven, con eso ya me alcanza.



Remolinos de sal

Conocemos a José Luis Colombini hace tantos años que ya no se recuerdo el número. Por aquel entonces las noches habían recobrado el frescor que invita a las sábanas limpias, a una manta o edredón, a encender el velador de la mesa de luz y tomar un libro entre las manos para contener la mente y el corazón, hastiados de retomar su sinuosa y elegante compañía. Escogíamos a Marcel Proust, Fernando Pessoa, Borges, Vallejo, Guattari, Deleuze o Antonin y así matábamos las horas. De esa manera llegaba la aurora acariciándonos con sus rozados dedos, sin saber porqué la literatura escoge ese matiz para sus lumínicas extremidades. Podemos afirmar... haberla visto de otros colores.

Las ingles de la callada y fría noche, el despuntar del sol para inundar las rendijas de las persianas y colarse sobre el dormitorio, para decirnos que seguimos entre los vivos, que teníamos la obligación-deseo de seguir en el camino, de seguir, más allá de las barreras, muros y brechas impuestas, compartimos tanto en nuestra escabrosa y mudable adolescencia, que eso nos hermanó para siempre.

Nos pediste que escribiéramos el prólogo de este libro. Por lo general en los prólogos encontramos, referencias de la obra en cuestión, que a nadie le interesan, por eso te escribimos esta especie de carta, amigo, porque sabemos que hiciste de tu vida un jardín de poemas para no morir podrido en el fango de la demencia. Porque juntos "bebimos de la misma copa, y percibimos los velos naranjas del amanecer, los terciopelos nocturnos, el frescor perfumado de la lluvia, hasta la nostalgia que despiertan los paisajes, la soledad e incluso el miedo que desgarra el cielo gris que desdibuja el sol tras sus telares..."

Tu poesía se nutre de todas esas vivencias y como te conocemos sabemos que son reales como puntos que crean líneas, sublimes huellas que indican direcciones o crean formas.

Es que en remolinos de sal están las claves para descubrir tu corazón y en tus letras (para algunos trasnochados "extrañas") está lo lúdico en la seriedad, o la seriedad en lo lúdico. Pero siempre desde la "lucidez", del saber que con este mismo pensamiento estás dando cuerpo a una realidad en presente, que no tiene porqué estar supeditada a las experiencias del pasado. Tampoco estar condicionado por el abanico de posibilidades de un supuesto futuro, "la lucha por mantenerse despierto en el momento actual, en el aquí y en el ahora". Un grito en un tiempo lleno de gente que prefiere ser sorda, estar dormida en vez de despierta.

Remolinos de sal fue engendrado en un mundo en el cuál nos venden algo que no necesitamos con la ilusión de ser felices, en donde el rebaño pasa como si pasara por un shopping center rindiéndole culto al mal gusto. Nos han hecho creer que asumir un gran número de roles en esta sociedad exigente y demandante significa "supuestamente" ser completos. Celebramos y levantamos las copas, como un cáliz de fuego, para brindar por el hecho, mágico y ritual de que haya gente que lea, que escriba y que publique poesía.

En este nuevo libro, José Luis Colombini, nos transporta por lejanas geografías, con una sensación de claridad atraviesa remolinos de sal, llevándonos por laberintos de vocablos y desiertos de letras. Esta obra evidencia lo lumínico de las palabras, lo onírico de sus versos. La pasión de sus vivencias se toman de la mano y se besan en la boca, "sacándose tiras de piel del corazón, al que dejan desnudo de secretos".

Los que escribimos esta carta prólogo, intentamos ser poetas desde la niñez sabiendo que los poemas auténticos vienen a nosotros como ya confeccionados que tan sólo hay que retocarlos para darles forma definitiva. El acto de escribir una poesía es casi un fenómeno «mediúmnico» que sorprende al poeta en las situaciones aparentemente menos propicias y se le niega en los marcos más bellos o en las situaciones provocadas para el descenso de la Musa. Por ello, con el mayor respeto para los que disientan con nosotros, creemos firmemente que los poetas nacen y no se hacen, por eso consideramos a José Luis Colombini un poeta con todas las letras.

Lic. Alejandro Suárez Molina                                                                                   Feofar Kan

Caballero del Viento                                                                                            kirguise en la noche




Detrás de la noche

Si bien el lector siente que camina por oscuros y atrapantes senderos y por tesis fuertes que no desdeñan cruzarse con redacciones abiertas, en las que podemos imaginar un inexistente punto final, a partir del que ya nada causaría efecto, es aquí donde José Luis Colombini nos advierte y nos permite atenernos a la condición metafórica de la palabra, gracias a la que es factible sentarse alrededor, hacer el fuego y contemplar esta obra a manera de mapa. Mapa que permite ubicarnos después de la última palabra dibujada, antes del punto final. Es donde quedamos, en medio de la caligrafía de un autor, que por ser el diseñador del mapa, lo ubica como alguien predestinado a heredar un gran tesoro...

Lic. Walter Horacio "Ruleman" Perez